Hagamos un ejercicio elemental de contabilidad de sala. Un restaurante promedio opera con una estructura de costes rígida: el coste de materia prima (food cost) ronda entre el 28% y el 32%; los costes laborales de sala y brigada de cocina absorben otro 30% a 35%; y los gastos fijos (alquiler, energía, seguros, suministros, amortizaciones de maquinaria) se llevan un 20% a 25%. En el mejor de los escenarios operativos, el hostelero trabaja con un margen neto final que oscila entre el 8% y el 15%.

"Cuando una plataforma de delivery entra en la ecuación cobrando una comisión del 30% al 35% sobre el PVP bruto (IVA incluido), no se está llevando un tercio de tu beneficio: se está comiendo tu beneficio entero y obligándote a poner dinero de tus ahorros en cada pedido."

Para no perder dinero, muchos restaurantes han recurrido a inflar los precios en la aplicación un 20% o 30%. ¿El resultado? El cliente percibe el plato como caro, la ración parece insuficiente en el domicilio y la reputación de la marca hostelera se resiente frente a los clientes de toda la vida.

La salida a este callejón sin salida no es abandonar el delivery, sino controlar el canal. Cuando un comensal pide a través de tu propia web, con tu propio dominio y tu identidad visual, los márgenes vuelven a su cauce natural. Con ClickForEat, la infraestructura te cuesta exactamente 49€ al mes, sin importar el volumen de comandas.